Asomarse por primera vez, en una página dedicada de nueva creación, es una conjunción de emociones ya importante. El hacerles llegar el oficio, que en este momento yo represento en calidad de coach personal, es mucho más que un trabajo, es una forma de artesanía personal, es uno de esos empeños afortunados que no muy a menudo nos ofrece la vida.

Antes de comenzar a explicarles nada más, debo agradecerle  a ustedes que están utilizando esta parte de su tiempo en leerme.

Hablar de coach personal ahora en España es hablar de una profesión relativamente que, aunque se lleva desarrollando más de una década en este país y más aún en EEUU, suena extraño y los que lo conocen o han podido asistir a unas sesiones, aparenta ser muy elitista, muy sofistica, en realidad caro y por qué no decirlo, muy burgués.

En realidad, no es en exclusiva, ni lo uno, ni lo contrario. Depende de quién y cómo sea el coach y su cliente. Un coach es un artesano de la comunicación en toda su extensión, verbal, no verbal y emocional, entre otras cosas.

El coach mira al individuo de una forma global, teniendo en cuenta todas las facetas de la vida de la persona, tanto profesional, emocional, familiar y social. Hoy en día, no existe una sola definición de lo que es el coaching, o de lo que es el coach, que sea universalmente aceptada.

En esta época, tampoco especialmente diferente de cualquier otra y, si lo fuera, es para mejor, vivimos inmersos en una intoxicación emocional, atacados por miedos que, en la mayoría de los casos, son interesados, provocados, sino de una forma consciente, sí muy eficaz, en la que un reducido grupo de personas que hemos estudiado diferentes técnicas y explorado cientos de enfoques y caminos, podemos prestar un servicio intemporal y personalizado para ayudar a un individuo, organización o equipo a producir un

resultado deseado, gracias a la cocreación de conciencia y soluciones a problemas.

Para eso, utilizamos una técnica esencial y casi en desuso: la escucha consciente.

Desde esta página, esa será mi intención: hacer que se escuchen a sí mismos. Crear un espacio “sin ruido”. Que se paren a pensar unos pocos minutos en uds. Y quizá ofrecerles algunas propuestas.

Vayan por hoy las primeras:

¿Se reconocen hablándose a sí mismos….?,

¿Cómo lo hacen, cual es el nombre por el que se llaman a sí mismos, cual es el tono, el momento…?

¿Se autorresponden…?

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